
"En un coche van: un físico, una abogada, un estudiante y una consultora". Parece un chiste, pero no lo es. Es el arranque de una iniciativa que ya ocurre en distintos lugares, entre ellos Madrid, la maravillosa capital del caos.
Son las 8.30. Llueve. La radio suena de fondo, pero ni la escuchas. Solo piensas en el atasco, en el reloj, en el «llego tarde otra vez» mientras maldices el embotellamiento de coches de la M-30. Y ahí, en medio del enfado y la ansiedad colectiva, cuatro treintañeros decidieron que lo absurdo no era el tráfico. Lo absurdo era ir solos.
GRAN MADRID entrevista a Andrea García, Paloma Långstrum, Nathan Lehoucq y Carlos Alonso, cuatro jóvenes que la vida juntó hace ya siete años para crear Tribbu, una app para compartir coche entre particulares en trayectos de corta distancia: "Creemos en Dios desde entonces -ríen-. Que hayamos llegado hasta aquí es demasiada serendipia. Un mix de preparación y oportunidad". No es que hayan descubierto el fuego, han hecho algo más incómodo: han cuestionado la sociedad entera: ¿Por qué seguimos conduciendo individualmente, aislados, quemando tiempo, gasolina y paciencia?
La respuesta es Tribbu, una app para compartir coche que acumula cifras provocativas. Traducido a épica: 4.000 vueltas completas a la Tierra. Apelando a la conciencia: un ahorro de CO equivalente a 47 veces el Parque del Retiro. Y sí, compite en el mismo tablero que gigantes como Cabify, Uber o Waze. Pero juega a otro juego y va ganando la partida.